De Bosawás a la Universidad Nacional Agraria: el viaje de Jarvin Dixon hacia sus sueños

Con apenas una mochila al hombro y el alma cargada de ilusiones, Jarvin Dixon Pérez dejó atrás los verdes senderos de la Reserva Bosawás, en la comunidad Amack Río Bocay, Jinotega. Se despidió de su tierra rumbo a la capital, donde el idioma apenas le era familiar y el futuro se dibujaba incierto. En su pecho viajaba el miedo: miedo a no entender, a no encajar, a perderse entre voces ajenas y costumbres desconocidas. Pero también llevaba algo más poderoso que el temor: el sueño de convertirse en universitario y reescribir su historia.

«Dejar mi comunidad y mudarme no fue fácil, porque crecí rodeado de mi cultura y mi gente, así que salir de mi territorio significó dejar una parte importante de mí, sentí mucha nostalgia al inicio, extrañaba mi familia, mis costumbres, mi gente y sobre todo el ambiente o entorno natural de mi comunidad, pero gracias a Dios poco a poco fui adaptando… Salir de mi comunidad y estudiar en la capital no significa olvidar quien soy, como soy y de dónde vengo, sino prepararme y fortalecerme para representar con orgullo a mi pueblo mayagna».

Jarvin Dixon Pérez, estudiante de la carrera en Zootecnia

Su infancia estuvo marcada por cuentos bajo la luna y juegos tradicionales, creciendo en íntima conexión con la naturaleza y con el dialecto mayangna que aún resuena en su pecho. Aunque algunas costumbres se han perdido, él conserva esos recuerdos como tesoros en su corazón.

«Mi familia especialmente mis padres fueron las personas claves que me inspiraron y me ayudaron para salir adelante, ellos siempre valoran la educación y a luchar por mis sueños su enseñanza y su ejemplo de superación me han motivado a seguir estudiando».

Jarvin se define como alguien que practica la humildad y el respeto. Tiene muchas metas por cumplir, pero hay una que lo impulsa con fuerza: convertirse en profesional para aportar al desarrollo de su pueblo sin perder sus raíces. Fue ese sueño el que lo llevó a la Universidad Nacional Agraria, a elegir la carrera de Zootecnia, donde comenzó a transformar el miedo en aprendizaje, y la nostalgia en motivación.

«Elegí esta carrera viendo la necesidad y la demanda de profesionales en el perfil de ciencia animal, nuestra comunidad y el territorio carece de conocimientos sobre el manejo de animales domésticos y profesionales, veterinarios y zootecnistas que transmitan conocimientos científicos para el manejo, producción y reproducción pecuaria».

Desde el primer día en la Universidad Nacional Agraria, Jarvin se propuso ser un estudiante activo, tratando de participar, hacer preguntas y compartir ideas desde su perspectiva como estudiante indígena, también se involucró en grupos de estudio, actividades deportivas y eventos culturales

“Todas estas experiencias me han permitido fortalecer mi formación académica, social, personal y sobre todo dar a conocer un poco de identidad y raíces a la comunidad universitaria.”

Una de sus memorias más luminosas fue compartir su cultura en una actividad universitaria, sintiendo orgullo de representar a su pueblo. Además, el apoyo de compañeros y docentes en momentos difíciles lo hizo sentirse acompañado, incluso estando lejos de casa.

 “Todos esos momentos me han hecho sentir acompañado y valorado.”

Jarvin Dixon Pérez, en prácticas de la carrera en Zootecnia

Con el tiempo, Jarvin encontró una red de apoyo que lo ayudó a adaptarse. Al principio se sentía un poco solo, pero poco a poco conoció a otros estudiantes, creando amistades y compartiendo experiencias, gracias a programas universitarios que valoran la diversidad cultural, se sintió incluido y motivado para seguir adelante.

La universidad ha sido también su espejo y camino, ha transformado su forma de pensar y confianza personal. De la timidez brotó la palabra firme, y del silencio, la convicción.

“He aprendido a expresarme mejor, defender mis ideas, tomar decisiones y luchar por mis metas.”

Entre los aprendizajes más valiosos, destaca la responsabilidad, la organización, habilidades de expresión, trabajar en equipo y convivir con personas de diferentes culturas. Su visión del futuro dejó de ser niebla, ya no camina solo: lleva consigo el eco de su comunidad, el ejemplo de sus padres, y el deseo profundo de volver con las manos llenas de saber.

«Antes no tenía idea de perseguir un sueño, cumplir una meta o tomar decisiones constructivas, solo pensaba en lo inmediato, pero ahora tengo metas claras y sueños alcanzados, no solo preparándome profesionalmente sino también transmitiendo lo que he aprendido para ayudar a mi comunidad».

Pero no todo ha sido fácil. Hubo días grises, noches largas, el obstáculo más grande fue alejarse de la universidad por problemas personales y económicos. En esos momentos, se aferró a su origen como quien abraza un árbol en medio de la tormenta.

«Pensé rendirme, cuando me sentía solo o cuando enfrentaba dificultades académicas, personales, económicas, familiares y salud, pero siempre recordaba de dónde vengo, el esfuerzo de mi familia sobre todo mis padres, y principalmente mi sueño de superarme, todo eso me hicieron sentir fuerte para continuar».

Jarvin no estudia solo para sí. Su formación es una promesa sembrada en tierra fértil, una ofrenda a su comunidad, esperando aportar conocimientos y habilidades en zootecnia que puedan ayudar a mejorar la producción y el bienestar animal en mi comunidad.

Después de graduarse, se imagina como guía y sembrador, no busca reconocimiento, sino impacto. Su meta es clara: que el saber regrese a su pueblo como lluvia que nutre.

“Quiero apoyar a mejorar la producción y el manejo de los recursos animales, fomentar prácticas sostenibles y compartir los conocimientos adquiridos con los jóvenes de la comunidad.”

A los jóvenes de comunidades rurales que sueñan con estudiar, Jarvin habla desde su experiencia vivida:

«Nunca dejen de soñar y que confíen en su capacidad para lograr, aunque las dificultades sean grandes, sé que estudiar una carrera universitaria es un camino dificultoso que requiere esfuerzo, paciencia y perseverancia, pero cada paso vale la pena».

Su camino no solo honra a su comunidad, sino que inspira a otros jóvenes de territorios rurales y originarios a creer en sus sueños, a cruzar fronteras con dignidad, y a descubrir que el conocimiento también puede tener rostro indígena y alma comunitaria. Porque en su historia vibra la determinación que caracteriza a los estudiantes de la Universidad Nacional Agraria: jóvenes que no se rinden y que estudian con propósito.

Jarvin Dixon Pérez, estudiante de la carrera en Zootecnia